domingo, 15 de julio de 2018, 22:58
Elmonarquico2015
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“La verdad os hará libres”

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Juan Carlos Ayuso

¿Qué lugar ocupa hoy la verdad en su vida..? ¿Y en las vidas de todos los españoles?.


Me atrevería a decir que ocupa el lugar que le dejan o…, le dejamos.


Tentado de darme al chascarrillo fácil del, “entre todos la mataron y ella sola se murió”, trataré de ser más riguroso.


A la primera pregunta con la que abro este editorial, lógicamente, se sucede una segunda: ¿nos importa, de verdad, la verdad?.


Tómese un par de segundos, trate de darse una respuesta honesta y luego siga leyendo…


Múltiples aproximaciones filosóficas, religiosas, psicológicas, antropológicas… han conjeturado sobre la verdad…, pero por entrar en materia, arrancaré con la cita del alter ego machadiano, Juan de Mairena: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, el cual replica “no me convence”, mientras para Agamenón es “conforme”.


¿Qué significa todo esto?.


Para los que somos creyentes es sencillo. No solo el titular entrecomillado que alude a Juan 8, 32 es revelador. También en Juan 14, 6, encontramos la cita en palabras del propio Jesucristo que nos dice “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.


Sin intención de entrar en el íntimo terreno espiritual de cada cual, sí es cierto que la percepción de una verdad absoluta se hace muy difícil, cuando no imposible, si nos apartamos de la esfera espiritual del ser humano y caemos en el relativismo.


Me encantan los famosos versos de Calderón de la Barca en el Alcalde de Zalamea cuando dice:

“…Al rey la hacienda y la vida se han de dar, / pero el honor es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios…”


El honor patrimonio del alma… ¡qué difícil me resulta imaginar lo que representa el honor, para una persona que carece de convicciones espirituales! Pues bien, con la verdad me pasa lo mismo.


Ahora, si nos movemos al ámbito de la información como el de este semanario digital… ¿dónde queda la verdad?.


Muy a menudo es sacrificada por parte de los mismos informadores… con tal de que, bien una versión políticamente correcta, bien no perjudicial a un grupo de intereses o, más frecuentemente, que encaje mejor con una línea ideológica, sea puesta en negro sobre blanco para perjuicio de los lectores a los que siempre, siempre, se les debería tratar con riguroso respeto informativo.


Eso, antes, equivalía a contar la verdad… Ahora, para conseguir un sucedáneo de la misma, hay que comprar tres periódicos y hacer cábalas…


El comercio de la verdad es tan importante que, para desacreditarla, no se repara en gastos. Y no solo es que la verdad escueza o duela en ocasiones. Es que, detentar el poder sobre la verdad, otorga un gran poder…


Por ello, asistimos en nuestra época a la acuñación del término posverdad.


Auténtica moneda falsa en el plano lingüístico. Neologismo eufemístico con el que disfrazar a la vieja y perjudicial mentira.


Y… ¿hace falta disfrazar la verdad hasta tal punto…, se preguntarán los más ingenuos?.


Hace falta, porque como dice un entrañable amigo mío sacerdote: ”estamos bien hechos”. El ser humano, de forma natural, busca la verdad.


La mentira no le gusta a nadie. En todas las listas “frikis” de “lo que me gusta” o “detesto de mi pareja”, la mentira figura siempre en las primeras posiciones cuando se trata de aspectos negativos de la personalidad de uno.


A pesar de ello, mentimos y seguimos mintiendo. Compulsivamente. Piadosamente. Para salvarnos. Para disimular. Para distraer. Para evitar…


La conclusión se la pueden imaginar.


Si la verdad nos hace libres, la mentira nos convierte en esclavos.


Por eso, la próxima vez que a usted, o a mí, se nos presente una ocasión para adornar la verdad, o lo que es lo mismo mentir descaradamente, debemos recordar que la verdad… nos hará libres.



Juan Carlos Ayuso

Director de El Monárquico













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