martes, 20 de noviembre de 2018, 22:46
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

Lorca viaja de Granada a Buenos Aires, en el tiempo

|



Zizi

Federico García Lorca (1898-1936). En octubre de 1933, llegó a Buenos Aires, el más exquisito representante de la Generación del 27, donde fue recibido con un telegrama que decía: ”Tu llegada es una fiesta para la inteligencia”. En ese período, Lola Membrives repuso la obra “Bodas de sangre” en el Teatro Avenida.


Los personajes que se nombran en este artículo, corresponden a diversas de sus obras, y ellos son: Angustias, de “La casa de Bernarda Alba”; Rosita, de “Doña Rosita la soltera o el Lenguaje de las flores”; Leonardo ,de “Bodas de sangre”; Ignacio , de “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”. Las expresiones entrecomilladas, pertenecen textualmente a fragmentos de su obra.


Lorca viaja de Granada a Buenos Aires, en el tiempo


Federico, despierta: he venido a buscarte. No sueñes más por el camino de Víznar a Alfacar, ese olivo tinto en sangre ya no llora, el caballo de plata ya no gime en tus letras , ni el león acecha en los cuadros de Dalí.


¿Te acuerdas de Buenos Aires?. Desde allí vengo. Despierta, glacial en oros antiguos y tibio en rondillas de estío.Ya tu luna nos alumbra y lejana alondra despluma trinos para orientarnos. Mira, cuán bello es nuestro camino, de nácar como la honda perla y de rosas a cielo abierto cuando recién amanece. Un ángel de zinc mira de una alta torre y desde allí te saluda Granada. Mírala: lleva en sus ojos tu intenso carisma, revive en tu bravura de toro encendido de cielos en cobres y rojos de ocaso. Mírala: ella te sostiene con sus manos en vilo y se abre intensa de amor como fruto que es, cuando madura. Déjala que te lleve en sus ríos de soledad, estandarte de alhucema y benjuí, bendecido. Siente sus genes en tu ser andaluz y en cada paso deja que te porte con roto espasmo de amor tardío.


No temas, toros bravíos custodian nuestro paso y rejones de luz clavan agujas de estrellas en tus pies andantes. Caminemos, el tiempo se ha retorcido como gigantesco hilo y en un círculo de fuego se desprende en tu espíritu de hoguera y alumbre. El cielo se ha roto en vitrales de angustias y en estoques de metal, tu piel de ámbar revive en tus ojos de inmortal andaluz.


Lejanos murmullos nos ciernen y amenazan nuestra huida: luchemos. La mejor defensa es la sordera del mal que crepita y nos persigue con feroces aullidos. Una muchedumbre incierta y plena de vida nos persigue con feroces gritos y nos quiere para sí: Angustias, desgarrada y Rosita, temblorosa cual sutil nardo recién abierto, murmuran tu nombre. Hay ángeles de plata con campanas de bronce que claman por nuestra fugaz huida: grítales que te irás por una noche, de azabache y en destellos perdida…Leonardo, bravío gitano de clavel y sueño, intenta atravesar nuestro paso con su daga en ristre, mas no ha podido y en un charco de sangre olvidada, en mustia sangre se ha adormecido. El vocerío nos aturde, pero poco a poco se desvanece en la lejanía, en conturbado vacío.


Ya nadie nos detiene. Un haz de plata-luna baja de la mano de “un niño que la mira, mira“ y que nosotros miramos. Mil estrellas nos ayudan, que esto no es el cielo: son tus ideas que crujen en brillos y emiten luz en metáforas. Trigales maduros y cuajados de oro nos esperan, en la llanura bravía. Un Río de la Plata te envía ansioso gemidos de acero y nos abre camino.


Cuidado, no toques esa espina: el pasado ha muerto estacado en el olvido.


Una lluvia de voces nuevas te claman aquí a viva voz: Federico regresa por una noche, cuando ángeles en escorzo te saludan y la Cruz del Sur, en su eterna belleza desde la altura, te da la bienvenida. En rondillas, los niños gritan tu nombre, caballos horadan la pampa como vientos de níquel y los cerezos maduran oyendo tu nombre, con racimos de penas, “a las cinco en punto de la tarde”, con Ignacio arrodillado en cuchillos de alondras que nadan con él en tus dibujos de ensueño. De un escenario quebrado en llantos, baja Leonardo al ver a su autor y en abrazo, el tiempo cae roto y canta una y otra vez el espacio, en un teatro de vida y pasión.


Todo el mundo en convulsión: ¡Federico ha retornado!. El “verde que te quiero verde” es un himno pampeano y “collares y anillos blancos” lucen todos, asombrados. Vocerío en el viento arrastra tu sonrisa de ángel mutilado, y en relámpago, el círculo de hilo ya deshecho por el fuego,- en amanecer inminente-, en una recta directa y fugitiva, audaz y temeraria, a tu Granada, has regresado como intenso ángel de luz , custodio de su historia.



___________________________

Zizi Kessler

Profesora de Literatura, Castellano y Latín

- Argentina -












Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.