jueves, 13 de diciembre de 2018, 08:18
Elmonarquico2015
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A vueltas con la Historia

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A vueltas con la Historia



Caball

En estos días de movilizaciones de los pensionistas he escuchado un reproche con bastante fundamento, arropados de la natural indignación que les acompaña, por todo lo acontecido y por todo lo escuchado. El otro día uno de los asistentes a una manifestación en Madrid se quejaba de la ausencia de jóvenes en la protesta como si no fueran con ellos las reivindicaciones de los manifestantes. 


Craso error. Ciertamente los directamente interesados hoy son los asistentes a las manifestaciones y aquellos que, por las razones que sean, se quedan en sus casas, pero están directamente afectados por razones de edad y situación laboral. Unos y otros son los pensionistas que ostentan esa condición hoy. Pero a esa condición se llega con el tiempo, y si no se fijan con cordura las bases que han de regir estas situaciones en el futuro, el paso del tiempo, que es inexorable, hará que los no tan jóvenes de hoy junto con los jóvenes que en su momento dejarán de serlo tendrán que convivir con las fórmulas que se hayan articulado. 


Cuando en el año 1975 y posteriores se afrontó el establecimiento de una nueva Constitución con el consenso de todos, desde la izquierda del Partido Comunista, los socialistas del PSOE y variantes afines, hasta la derecha de Alianza Popular, pasando por los centristas de UCD, liberales, democristianos y partidos nacionalistas en su mayoría, se hizo un punto y aparte en el discurrir de la historia. Empezaba un nuevo capítulo que todos anhelábamos desde hacía mucho tiempo. 


Se trataron de respetar las señas de identidad de España, aunque para ello hubiera que renunciar a postulados aparentemente inamovibles. Y se logró. Gracias a la generosidad de los dirigentes de la época: Santiago Carrillo, Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga, Torcuato Fernández Miranda, Miguel Roca y muchos más, que cedieron buena parte de sus pretensiones para dar forma a la España que hoy tenemos. Generosidad, altura de miras y visión política. 


Hasta aquí hemos llegado, y los que en aquellos años rondábamos los 30 sentíamos que nuestros deseos, y necesidades de libertad, de las que participaban nuestros mayores después de innombrables experiencias también eran compartidos por la gente de nuestra generación. Los de la Nueva Frontera que diría John Kennedy.


Una de las cosas que más llamó mi atención fue la recuperación de la Monarquía, forma de estado consustancial con la historia de España y que nos situaba en posición de volver a sintonizar con siglos de forma de convivencia semejante a países que buena parte de españoles conocían por el hecho de haber residido en ellos forzados por la búsqueda de trabajo fuera de nuestras fronteras: Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia o el Reino Unido eran referencias inequívocas. Cada uno con su peculiar forma de hacer hacia posible la convivencia de ancestrales monarquías con modernos parlamentos. Reinar y gobernar son cosas diferentes. 


En España con vaivenes convulsos y paréntesis indeseables se había interrumpido la continuidad dinástica llegándose a aquella situación inexplicable que se daba en la persona de D. Juan, que como alguien describió acertadamente, era hijo de Rey y padre de Rey sin haber sido Rey.


La personalidad de D. Juan hizo que la dignidad de la Corona se mantuviera intacta a pesar de los obstáculos, que no fueron pocos. Son cosas que si hoy no se consideran se debe a esa educación sesgada que se imparte en las escuelas, en donde diecisiete historias se abren hueco falseando la realidad en aras de fabricar una identidad diferenciada. 


Acertadamente, a mi juicio, la Constitución del 78 redefinió el papel del Rey en este punto y aparte que se nos presentó a los españoles en Noviembre de 1975. D. Juan Carlos se convirtió en el Rey de todos los españoles gracias a las renuncias de los ya mencionados Fraga, Suárez, Carrillo y González, entre otros. No solo lo ha sido por imperativo legal sino que ha demostrado sobradamente su proximidad e identificación con todos con los que ha tratado, involucrándose hasta el límite en los momentos más delicados por los que hemos pasado. 


Pero el tiempo pasa, y pasa para todos, y aquellos que no conocimos la guerra civil, pero si sus consecuencias, aquellos que vivimos la transición y nos involucramos en ella y vimos con expectación como se recomponía aquel puzle haciendo "que fuera normal lo que a nivel de la calle era sencillamente normal" nos encontramos con una nueva generación que sosegadamente va sustituyéndonos asumiendo las responsabilidades inherentes a cada cual. De este modo D. Juan Carlos ya es historia, para muchos añorada historia, como lo ha sido también para muchos D. Juan de Borbón, D. Felipe es la continuidad, la continuidad en la Historia, y ya ha tenido ocasión de demostrar su saber hacer en momentos vidriosos. 


Por encima de modernismos o planteamientos rompedores, el ser consecuentes y respetuosos con la Historia, aunque la nuestra haya tenido un indeseable paréntesis, es garantía de estabilidad y progreso, como lo demuestran aquellos pueblos que cambian gobernantes y respetan dinastías, léase Japón como referente en Oriente y las conocidas monarquías europeas en estas latitudes. 


Esa aceptación de la Monarquía por parte de los ciudadanos españoles, con altibajos en el tiempo derivados de acontecimientos censurables, arroja un dato preocupante como es la indiferencia o la escasa involucración de buena parte de los jóvenes que adoptan una actitud que recuerda mucho al reproche del manifestante que mencionaba al principio. 


Esto va con todos, mayores y menos mayores, y si en el año 1981 D. Juan Carlos puso las cosas en su sitio, aunque este acontecimiento no fuera vivido por muchos de nuestros jóvenes, y si hace tan solo unos meses D. Felipe no hubiera hecho lo propio con los intentos rupturistas del Noreste, podríamos preguntarnos: ¿Para qué sirve un Rey?. La respuesta emana por sí sola: Para cumplir y hacer cumplir la Constitución a todos, Él el primero. 


En los momentos difíciles es donde se ve la dimensión de un estadista. Tanto D. Juan Carlos como D. Felipe han tenido delante de sí dos eventos que han puesto a prueba su saber hacer. Con dos estilos diferentes emanados de dos tipos de educación diferentes, (cuánto influye la educación, en casa y en la escuela, en la conformación de la personalidad) han sabido resolver con éxito los graves problemas con los que se enfrentaban. Es claro que no basta con estar, hay que saber estar. D. Felipe ha tenido unos buenos maestros pero tiene que ganarse día a día la credibilidad y el respaldo necesarios para conseguir la aceptación de los ciudadanos y la confianza de éstos en las instituciones, empezando por el propio Rey. 


Internacionalmente el Rey de España goza de un prestigio que se percibe cuando estamos fuera. Era el año 1976, concretamente el 31 de mayo, cuando D. Juan Carlos de Borbón realizaba su primer viaje a Hispanoamérica como Rey de España. 


Al llegar a Santo Domingo S.M. se dirigía al Presidente Balaguer: 


"En el momento de pisar el suelo de las Américas doy gracias a Dios por haberme deparado la honra de ser el primer Rey de España que cruza el Atlántico para visitarlas..."


"Os traigo el saludo de los españoles. En Vos saludo a la Nación dominicana y en ella quiero saludar a todas las Naciones de nuestra estirpe."


A vueltas con la Historia1

S.M. el Rey D. Juan Carlo I junto al Presidente de la R. Dominicana D. Joaquín Balaguer, en su primer viaje a Hispanoamérica como monarca en 1976


En otro pasaje de su intervención D. Juan Carlos terminaba: 


"En vuestras manos dejo el mensaje de España a toda Hispanoamérica; un continente, sin leyenda dorada y sin leyenda negra; tal como es de verdad, con sus bondades y sus males, con su herencia española, con su horizonte cuajado de dificultades pero también de certidumbres de triunfo final." 


La respuesta del Presidente Balaguer está llena de simbolismo, "Señor: Hace quinientos años que le estábamos esperando". Son para mí unas palabras cargadas de sentimiento y de un alto grado de contenido histórico “Ser el primer Rey de España que cruza el Atlántico para visitarlas”. 


La historia había introducido un largo paréntesis y un distanciamiento que D. Juan Carlos, con enorme acierto, quiso romper, y sus frecuentes viajes a los diferentes países hermanos así lo avalan.


Se hacía bueno el argumento de su abuelo S.M. EL Rey Alfonso XIII que durante un viaje realizado a Italia en noviembre de 1923 proclamase que la aspiración de España consistía en «fundirse en apretado abrazo con sus antiguas colonias, a fin de que la raza hispanoamericana llegase al cénit de su grandeza».


Todo esto se valora enormemente cuando se visita Hispanoamérica. S. M. es un gran referente. Lo he podido comprobar personalmente. 



Rafael Llano de la Concha

Caballero Comendador de la H.N.M.E.











1 Comentarios

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Qué gran error el del Borbón "felón", de no irse, a HispanoAmerica cuando Napoleón invadió España Peninsular. Hubiéramos conservado las provincias hispanoamericanas, Constitución de 1812, La Pepa, España se hubiera defendido mejor desde La Nueva España. gracias

escrito por José A Valcarce Valcarce 21/ago/18    21:38

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