jueves, 13 de diciembre de 2018, 08:34
Elmonarquico2015
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España frente al NOM

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Juan Carlos Ayuso

Determinadas realidades tienen una finalidad: distraer. Es el viejo truco de la prestidigitación, hacer una cosa con una mano, mientras se engaña al público con la otra.


Sentado este principio, podemos empezar a pensar en la realidad de otra manera lo cual nos permitirá apreciar la imagen completa de la actualidad, más allá del fragmento al que nos quiere dirigir el prestidigitador…


NOM son las siglas que definen Nuevo Orden Mundial. Mal que nos pese, una realidad que se construye a espaldas de los ciudadanos del mundo.


Para tratar de desviar la atención se suele esgrimir, entre otras cosas, que no existe tal realidad más allá de aquellos que ven conspiraciones por todas partes…


Cuando uno escucha al presidente de un importante país hablar de NOM o, NWO New World Order en inglés, le quedan pocas dudas de que tal realidad existe.


¿En qué consiste, se preguntarán aquellos que nunca han escuchado el término? Es simple: crear un único estado que dirija el mundo. Sus señas de identidad: una moneda única, un ejército único, una religión única, un gobierno único… Sí, sé que en este momento alguno está pensando en el Dr. No acariciando a un gato blanco, mientras James Bond trata de salvar al mundo de su nefando plan…


Sin entrar en demasiados detalles -hay numerosos libros, entrevistas e información sobre el tema- y, lo que aún lo dota de mayor credibilidad, casi tanta o más desinformación sobre el mismo, la cual como saben, siempre existe o se construye cuando el asunto tiene verdadero interés, por ello voy a centrar la atención en nuestro país.


Conseguir un Nuevo Orden Mundial no es tarea fácil o ¿sí?. Podemos pensar que bastaría convocar un referéndum entre los ciudadanos del planeta y preguntar…, aunque…, ¿creen que los países estaríamos dispuestos a renunciar a nuestras señas de identidad?. Evidentemente, por esta razón el NOM se construye a espaldas de los ciudadanos.


Para llevarlo a cabo, el primer paso es restar soberanía a los países. Eso ya lo estamos viendo. Si podemos añadir un poco de “divide y vencerás” con la ayuda de algunos que exacerben alguna diferencia cultural en pos de una separación, en clave cabeza de ratón, mejor que mejor… ¿me siguen?.


Así, al restar soberanía a una sociedad, debilitar un país es más fácil. Es el viejo canto de “el pueblo unido jamás será vencido” y aquí es donde entra en juego la Corona de España.


La Corona no tiene, ni ha tenido jamás en la historia, un papel disgregador, antes bien, es una institución integradora para todos los españoles.


Algunos locos o algunos ciegos no parecen haberse dado cuenta todavía de ello. Sí es desintegradora en cambio, la república. No hay más que acudir a las hemerotecas para comprobarlo.


Esas voces disonantes que arremeten contra la Corona, no son conscientes ¿o tal vez sí?, del flaco favor que hacen a España y al resto del mundo para facilitar la entronización de un régimen abominable como es el NOM.


Para ello buscan cualquier motivo que ayude a desestabilizar la institución monárquica. Con demasiada frecuencia se recurre a la falacia de identificar el todo con la parte. Es lógico que una institución integrada por seres humanos cometa errores. Pretender lo contrario es absurdo. Pero la institución está por encima de las personas o los errores.


No aceptar esto, equivale a decir que hay que vivir sin gobierno, puesto que en todos los gobiernos hay corrupción o algún gobernante ha cometido éste o aquél error.


La situación internacional actual no es cualquier cosa. Los actores juegan sus papeles, si bien lo que algunos no tenemos claro aún es, si asistimos a una comedia o a una tragedia…


Siempre animo a mis alumnos a desarrollar el espíritu crítico, a elaborar sus propias opiniones. Requiere de esfuerzo y sacrificio, pero compensa con creces. Hasta donde yo sé, es lo único que nos puede salvar de las garras del prestidigitador.



Juan Carlos Ayuso

Director de El Monárquico











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