martes, 11 de diciembre de 2018, 21:16
Elmonarquico2015
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Uno, dos, tres, cuatro y cinco disparos

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D. Francisco Javier Delgado González - Navarro, policía nacional asesinado por ETA el 13 de diciembre de 1991. Respuesta de Ana Díaz Delgado, hermana de la víctima y delegada de la AVT en Asturias, a Sara Majarenas. 



Xavier Eguiguren

Las pesadillas no quieren marcharse. Los pulcros uniformes en formación visten sentimientos que desfilan de tres en tres. En este preciso momento pasan las nubes y se nublan los pensamientos. ¡Dios mío!, puedo oír los colores en blanco y negro del invierno, huele a pólvora, en los sueños la pólvora tiene un olor, creo que a carne quemada.


¿Quienes son?, son madres y padres que lloran y sujetan una bandera. Una cuadrícula de tela muy pequeña, es tan desproporcionada la doblez del lienzo. Pienso en un pañuelo olvidado en el fondo de unas manos temblorosas.


Las tonalidades muertas atraen a gritos desesperados las lágrimas que caen muy despacio, con absoluta lentitud. El mar de llanto se hace impotencia, incapaz de retener el agua en el descampado de un corazón agujereado a balazos, cinco. Uno, dos, tres, cuatro y cinco disparos.


Que se duerma el dolor, poder sedar la desesperación, no sentir las punzadas de los cartuchos que giran en espiral y arrancan la carne, el verbo y el nombre propio. Se ahogan los gritos en la soledad. El cielo está más de mil veces encapotado por la congoja.


¿Estás dormido?, no, ¡te han asesinado!, tus ojos son mares sin agua. Una muerte tan infinita, el daño incontable que quiebra los dientes. Rechinan los cristales mordidos, luego escupidos al aire para volver y rayar las córneas de esos ojos.


¿Te han hecho daño?, te han matado y no has podido ver la cara de los verdugos. ¿Quien ha apagado tu vida?, nosotros nos empeñaremos en encender para siempre tu alma.


Ayer, hoy, y pasado mañana, la semilla del sin sentido de la barbarie. Olvidarte es revivir cada segundo el último de los tormentos sobre tu envoltorio de carne y piel. Negar tu recuerdo es escuchar eternamente el grito apagado con la primera bala. Cerrar los ojos al sufrimiento es permanecer en la oscura noche.


Tienen nombre y cara los cobardes, por la espalda lo hicieron, acribillaron el alma. Ochocientos veintinueve pajaritos me han dicho que la muerte no es el final.


Descansa en paz.



Por Xavier Eguiguren 














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