domingo, 21 de octubre de 2018, 04:02
Elmonarquico2015
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Corrupción, impuestos y valientes

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Juan Carlos Ayuso

Vivimos unos tiempos en los que pareciese que ciertos países con sistemas democráticos, tuviesen que aceptar como doloroso tributo, la corrupción de determinados gobernantes o entidades.


Sé que toco un tema candente, no solo para España, sino para la mayoría de países democráticos. Estados y naciones que, al menos en teoría, disponen de mecanismos de corrección para evitar lacerantes excesos…


No voy a entrar a pormenorizar personas, grupos o instituciones. Otros medios y profesionales con más datos que yo, se encargan de ello…, cuando se encargan…


Primera alerta que planteo ante aquellos profesionales que desde el sagrado deber de informar, hurtan información por el “bien” de determinados intereses: partidistas, económicos, sociales, supranacionales, etc.


La segunda es una reflexión que lleva algún tiempo rondándome la cabeza. Lanzo al aire la siguiente pregunta, ¿cuándo alguien roba del erario público, y la corrupción se nutre con especial alevosía de ello, qué está robando exactamente?.


Dinero, dirán ustedes y…, están en lo cierto. Sin embargo, no es cualquier dinero. Es el dinero que los españoles ganamos con nuestro esfuerzo, el cual va a parar… al bolsillo de un particular. Sí, porque los ladrones tienen nombres y apellidos. Cuentas bancarias a su nombre o al de alguna empresa ficticia, pero quienes lo disfrutan son, en último término, personas de carne y hueso. Ningún ente, para entendernos.


Esta circunvalación nos lleva a un hecho delictivo especialmente dañino: muchos de los corruptos que roban…, roban impuestos.


A partir de ahí llego a la tercera reflexión. Con tanta corrupción como hay, ¿no será que tenemos un nivel impositivo especialmente alto y, por tanto, todos los maleantes que nos roban, que parecen legión, piensan que no se va a notar? Acabo de escuchar su pensamiento. Demagogia. Sí, y además de las baratas… Pero la reflexión no resta un ápice a la realidad.


Se aceptan ideas.


A los que inauguramos la democracia como en mi caso, con dieciséis años, allá por 1976 y una memoria fresca, nos parece que más de cuarenta años de monarquía parlamentaria, deberían haber sido suficientes para poner a punto el sistema. ¿La realidad? No ha sido así. Hay días que tengo la sensación de que nos alejamos más y más de lo que tendría que ser y no es…


Por manejar un símil informático, diría que hace falta una democracia 2.0.


Recuerdo que en los años de transición democrática, cuando la mayoría no teníamos ni idea sobre cómo iba a desplegarse la realidad, había una pregunta en la boca de todos, ¿quién controla a los que nos controlan?.


Quince mil días después, la pregunta sigue en el mismo sitio.


Hay que poner soluciones. Quizás el derecho a voto en tiempo real pueda apartar las manzanas podridas con más efectividad que ninguna otra medida. Al fin y al cabo, la mayoría de las gestiones administrativas ya se hacen a través de internet. No hablo por tanto, de una utopía.


La complejidad del problema es grande. Siempre digo que la Corona ofrece un soporte y garantía para todos, a pesar de los esfuerzos por desgarrar España, como faena a la que algunos parecen aplicarse con denuedo, la cual ha favorecido a descuideros sin escrúpulos, que han preferido optar por su bien particular, segando el bien común de su comunidad, de sus paisanos, robando a la gente lo que es suyo. Y no estoy hablando metafóricamente, estoy hablando de dinero contante y sonante recaudado mediante impuestos. Nuestro dinero. El suyo y el mío.


Resulta paradójico el celo con el que es perseguido el pequeño contribuyente frente a la impunidad con la que se mueven algunos corruptos, no de guante blanco, porque es un término que suavizaría su ignominia, más bien, de guante negro… Eso tiene que cambiar y pronto.


Es un verdadero insulto a la inteligencia de los españoles que no veamos medidas ejemplares para cortar la situación de cuajo y que, al mismo tiempo, eviten que vuelvan a reproducirse casos similares.


Hacen falta valientes.

 


Juan Carlos Ayuso

Director de El Monárquico















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