jueves, 13 de diciembre de 2018, 07:01
Elmonarquico2015
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¿Es posible una defensa liberal de la Monarquía?

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S.M. el Rey Felipe VI  con el presidente de USA Barack ObamaS.M. el Rey Felipe VI y el presidente de los Estados Unidos Barack Obama en 2014



Carmona Barroso

La experiencia económica e histórica demuestra que las políticas liberales acaban atrayendo prosperidad económica y social a los individuos y sociedades, y las Monarquías al basarse en el largo plazo y la estabilidad política pueden y en muchos casos son, dos buenos aliados naturales para mejorar y desarrollar las sociedades humanas. Las estadísticas como la de la "Fundación Heritage" cataloga las economías mas prósperas como las mas libres, y por otro lado estudios como el "Democracy Index 2016" del Economist cataloga las monarquías europeas como las mejores democracias del mundo.


El sistema monárquico, es decir, el sistema de jefatura del Estado hereditaria, en el caso de nuestro país, recae sobre la Familia Real de los Borbones desde el siglo XVIII, y en la actualidad en el Rey Felipe VI, un hombre con muchas cualidades personales y excelentemente preparado para su cargo. Ahora bien, la monarquía hay que explicarla a las nuevas generaciones por su funcionalidad, y esa funcionalidad se puede descifrar desde diversos puntos de vista. Por otro lado entendamos el liberalismo como la defensa de la libertad individual frente a la colectiva, la defensa de la propiedad privada, el gobierno limitado, y la economía de mercado libre con la reducida intervención del "Estado" (administración pública). ¿Como es posible entonces defender que el Estado se reduzca, mientras se esta defendiendo a su vez a su máximo representante?


Incluso los anarcoliberales, o anarcocapitalistas, que creen que el ideal es la destrucción total del Estado, consideran los Estados reducidos o pequeños, como un mal menor, y muchos intelectuales que van por esta línea como el doctor universitario Huertas de Soto, o Jhon Hope por citar algunos consideran las pequeñas monarquías como un mal menor, frente a las grandes repúblicas donde el voto popular desvirtua en populismos autoritarios. Por la linea de los liberales clásicos, que no son enemigos del Estado, creen en su uso, pero creen también en la posibilidad de limitarlo, para que los individuos libres tengan la máxima autonomía y libertad individual posible, por lo tanto es posible la existencia de un estado que proteja la libertad individul, la libertad personal y de mercado y la propiedad, de hecho sin la existencia de estados sería practicamente imposible evitar que la libertad de unos individuos atacase a la libertad de los otros, para eso es necesario un poder coactivo consensuado que represente a todos los individuos de un lugar, así nacieron los estados, y es su funcionalidad mas básica. Por ello creo compatible defender la limitación del Estado y el Gobierno, mientras se defiende determinado jefe de Estado, o determinado tipo de jefatura del Estado. Tenemos a intelectuales liberales españoles como Pedro Schwartz, que ven la utilidad de la monarquía representativa para garantizar la democracia y los valores liberales.


Existen una serie de prejuicios ideológicos sobre la posibilidad de defender el liberalismo y el sistema monárquico, que son mas de tipo histórico que argumental. El liberalismo surgió como ataque al poder absoluto de los monarcas europeos del siglo XVII Y XVIII, que entraron en un proceso de concentración del poder. El poder que en la edad media estaba mas disperso entre estamentos, gremios y demás grupos privados de diverso tipo y por otro lado del Rey. Por ello en el inconsciente colectivo es fácil asociar monarquía y liberalismo como enemigos naturales, pero no tiene porque. Se dio esa circunstancia histórica, porque dio la casualidad de que la monarquía en aquel momento era la institución que mas poder concentraba en un momento de expansión ilustrada, pero sin la monarquía como forma de estabilidad de gobierno que en muchos momentos favorecio el comercio y el desarrollo, aunque fuese desde una perspectiva absolutista propia de la epóca, tal vez no se habría podido concebir el desarrollo económico e intelectual previo para llegar a razonamientos liberales, que se consolidarian en el siglo XIX. En el siglo XXI la mayoría de monarquías ya han pasado por un proceso ilustrador y liberal de separación de poderes y constitucionalismo, a día de hoy son mas los estados republicanos que son un riesgo para las libertades individuales, que las monarquías absolutas, lo corroboran estadísticas como la anteriormente descrita del Economist.


Que la monarquía sea un marco favorable a la democracia, al desarrollo de las libertades individuales como la econonómica o el desarrollo social no es una casualidad espontánea.


Las monarquías favorecen la estabilidad política, ya que al existir una autoridad que perdura en el tiempo de forma predecible genera mas seguridad frente a sus ciudadanos y los interlocutores externos del pais, como otros Estados o inversores externos, lo que favorece una seguridad jurídica, esencial para favorecer gobiernos estables, e inversiones que conlleven desarrollo economíco y social.


Por otro lado los gobiernos y los políticos por inercia y por su forma de elección suelen centrarse en el corto plazo, para ganar las próximas elecciones, lo que genera incentivos tóxicos. El Rey al no ser esa su forma de elección, tiene un sentido mas privativo y patrimonial del estado y el país, más como si fuese en parte su propiedad, pero que a su vez su responsabilidad de cuidar y proteger a largo plazo y en su conjunto, no como parcelas de electorado que conquistar. Esto suena negativo en el siglo XXI, pero es positivo si esta inercia esta contextualizada dentro de unos límites constitucinales. El monarca puede tener una visión a largo plazo, por lo tanto su influencia dentro de las limitaciones constitucionales tendera a ir dirigido a evitar las malas consecuencias a largo plazo de políticas y actuaciones que a corto plazo traen popularidad y por lo tanto votos a los políticos, pero que a larga lastran las economías y el desarrollo social e individual del país.


Los gobiernos en mayor o menor medida piensan en ganar elecciones cotentando a colectivos con sobreregulaciones o con gasto público excesivo. Esto desincentiva la creación de riqueza y la innovación empresarial. También puede afectar en el exceso de deuda pública, que conlleva subidas de impuestos que lastran aun más el desarrollo económico o con inflacción que empobrece al consumidor y pequeño ahorrador perdiendose el valor del dinero poco a poco. Sin hablar del incremento de la corrupción al obligar a la iniciativa privada a tener que actuar en mayor proporción de espaldas a la ley para poder sobrevivir a la sorebregulación y altos impuestos, quedando por un lado una casta de industriales privilegiados frente a otros, y quedando las instituciones con unos incentivos tóxicos que les favorece a crear redes clientelares de corrupción. Es decir, este tipo de políticas e inercias de poder que ayudan a ganar elecciones, pero que mas adelante provocan crisis economicas, políticas y sociales.


En resumen la monarquía al no necesitar ganar elecciones y no tener el poder ejecutivo en sus manos, queda por encima de estas dinámicas de poder y errores comunes de los gobiernos. En algunos momentos puede actuar de contrapeso a estas u otro tipo de políticas irresponsables basadas en el corto plazo. 




José C. Carmona Barroso

Presidente Delegado de la HNME en Baeza













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