domingo, 21 de octubre de 2018, 23:26
Elmonarquico2015
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Cleopatra y Herodes, la pugna por Jerusalén

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Cleopatra y Herodes



Desde que se fundó hará más de 3.000 años Jerusalén no ha dejado de ser una ciudad codiciada por todos los que la conocieron, poseyeron o reinaron en ella. Por la Ciudad Santa han pasado períodos brillantes y oscuros de la historia, si bien cada uno con un imperio o reino distinto al que lo precedió; Judíos, babilonios, egipcios, persas, griegos, romanos, bizantinos y otomanos y actualmente es la capital del Estado Judío que ha celebrado sus 70 años de proclamación. Un aniversario teñido de sangre en Gaza. Ese terrible episodio es solo uno de los muchos que han sacudido Tierra Santa desde hace 20 siglos y sigue siendo por motivos territoriales y por el más preciado botín a conseguir en ese conflicto. Jerusalén.


En esos días me vino a la mente uno de los episodios quizás más emocionantes e intrigantes que conoció Israel en el pasado, precisamente en el año 37-36 a.C cuando reinaba el famoso rey de la Judea Romana, Herodes el Grande, aunque más bien debería haber sido Herodes el Tirano, sí señores, hablamos del mismo Herodes que 30 años después mandaría a llevar a cabo la tristemente conocida Matanza de los Inocentes. Pero vayamos por partes.


He aquí cuando por dos breves años (37-35 a.C) el reinado de Herodes peligró gracias a las conspiraciones de la célebre Reina de Egipto. Cleopatra VII.


¿UNA REINA SEDUCTORA?

Cleopatra ha pasado a la historia como una mujer versada en las artes del sexo, la seducción, el asesinato, la lascivia y el lujo ostentoso, en resumen, como una femme fatale. ¿De verdad? Ni mucho menos. Todo fruto de la propaganda romana.


Ante todo fue una mujer única en su tiempo, en un mundo de hombres, gobernante antes que una romántica de prensa rosa, reina antes que sirena seductora y dotada de una gran agudeza mental y política. Extremadamente inteligente y cruel a la vez, incluso con sus familiares, gobernó desde la cosmopolita Alejandría y fue la última reina de la dinastía de los Ptolomeos, que reinaban desde hacía 3 siglos cuando murió Alejandro Magno y Egipto pasó a manos de su hermanastro Ptolomeo I Sóter. Durante los 22 años que reinó la única y verdadera meta de Cleopatra fue sola una: Salvaguardar la independencia de Egipto y la de su propia dinastía.


Como bien saben Cleopatra descendía de una larga saga de asesinos. Los Ptolomeos acabaron adoptando las costumbres egipcias, entre las que figuraba el incesto por mantener la sangre pura y divina. Aquella práctica repulsiva originó una larga cadena de asesinatos entre padres, hijos y hermanos que acabó llevando a Egipto al borde de la quiebra, así como a la pérdida de sus territorios en el Levante Mediterráneo y a que Roma entrara en el juego de la política faraónica.


Habría que esperar al año 48 cuando Cleopatra, exiliada en Siria a causa de su hermano Ptolomeo XIII, pudiera volver a Alejandría y ganarse el favor de Julio César. Amara o no al dictador romano, entre ambos se selló una alianza política y sentimental de la cual nacería Cesarión. Cleopatra no aspiraba solo a sobrevivir y recuperar su trono, sino a restaurar la gloria del Imperio Egipcio y si era posible unirlo al Romano , de esa manera se cumpliría el sueño de Alejandro de un imperio Oriental y Occidental, como uno solo, y en el que su hijo pudiera reinar algún día.


Si bien es cierto que al principio sus planes salieron a la perfección, acabó con sus hermanos Ptolomeo XIII y Arsínoe IV y el consejo de regencia de estos y ganó la guerra con las tropas de César a su lado, lo perdió todo al final. Como bien sabrán Cleopatra residió 2 años en Roma (46-44 a.C) como invitada de César y amiga del pueblo Romano, y este la colmó de honores, entre ellos levantar una estatua suya de oro en el foro y devolverle la isla de Chipre. P


Pero a la vez se ganó el odio de los senadores republicanos, Bruto, Casio y Cicerón entre ellos, dos de los cuales matarían a César en los Idus del 15 de marzo. Los sueños de un imperio universal para la reina murieron con el Imperator aquel día bajo los puñales de los conjurados. Cleopatra permaneció en Roma un mes más, pero César no mencionaba a Cesarión en su testamento, de modo que regresó a Egipto.


En el transcurso de la huida la reina perdió al segundo hijo que esperaba del dictador.


ANTONIO Y HERODES.

Durante los siguientes 3 años Cleopatra reinó en Egipto sin perder de vista a Roma en ningún momento. Tras la guerra civil que devino con el asesinato de César, en la cual Bruto y Casio se suicidaron al final, los nuevos dueños de Roma eran Marco Antonio y Octavio, sobrino nieto de César.


En su mentalidad de reina y madre Cleopatra sabía que Octavio era una amenaza para su hijo, de modo que apostó por Antonio, que como ella era un admirador del Helenismo oriental y un brillante militar, si bien cuando no bebía demasiado ni provocaba auténticos altercados en público.


Famosa es conocida la reunión que ambos mantuvieron en Tarso , en el sur de Turquía. Ella llegó como Afrodita, en un barco de oro, velas púrpuras, remos de plata y rodeada de Cupidos y Ninfas. Dejemos a un lado la seducción, aunque tenía parte de ello. Era en realidad parte de su programa político. Antonio necesitaba dinero para poder llevar a cabo las campañas contra el Imperio Parto, actual Irán, y Cleopatra era la mujer más rica de aquel momento, así que ¿Por qué no llevar una muestra de esa gran riqueza mostrándose como la salvadora que llegaba para reunirse con Dionisos por el bien de Asia?


De esa reunión nos han llegado fuentes escritas de una gran noche en la que Antonio y sus hombres cenaron como reyes en compañía de la reina. Todo era de oro, piedras preciosas, triclinios enjoyados, perlas disueltas en vinagre, y abundante vino acompañado de cítaras, flautas y mimos.


En esa primera reunión Cleopatra consiguió ganarse la amistad de Antonio, y un mes después tenerle como invitado en Alejandría, en donde pasó todo el invierno con ella. A su vuelta a Roma la reina esperaba mellizos del Triunviro. No se verían en 3 años y medio.


Cleopatra y Herodes1


De la unión de aquel invierno juntos nacieron Alejandro Helios y Cleopatra Selene, Sol y Luna en griego antiguo. Finalmente, tres años después y antes de que partiera este de Roma Cleopatra supo que Antonio ya iba camino de Oriente, otra vez. De nuevo la reina se echó a la mar y llegó a Antioquía en el invierno del año 37 en donde Antonio abrazó a sus hijos y los reconoció como tales, pese a estar ya casado con la hermana de Octavio, Octavia.


Cleopatra negoció durante aquel invierno las condiciones de la campaña parta de Antonio. Esta se comprometía a pagársela, pero a cambio él debía compensarle por sus servicios a Roma. La devolución de los antiguos territorios ptolemaicos que antaño pertenecieron a Egipto, y Antonio cedió. Sabía perfectamente que Cleopatra era una negociadora implacable y no convenía tenerla como enemiga.


Fue así como se le concedió a la reina de Egipto los territorios de Cilicia, Siria, Fenicia, Judea, la Cirenaica, el Sinaí y una porción de Arabia. En el año 36 tenía en su poder el control absoluto del Mediterráneo oriental y se hallaba en el culmen de su poder. Tras despedirse de Antonio en las riveras del Eúfrates Cleopatra puso rumbo al sur. Y aquí entra Herodes en escena.


Tras su gira por los territorios recién adquiridos, pasó por Beirut y Damasco, Cleopatra llegó con su séquito a Jerusalén en donde se reunió con Herodes. Ambos ya se habían conocido 3 años antes cuando Herodes llegó a Egipto solicitando asilo y Cleopatra le dispuso una nave en la que ir a Roma a reclamar su derecho al trono de Judea. Ahora era el momento de que este le devolviera el favor, si bien es cierto que Herodes le tenía un odio y miedo profundo a la reina, la recibió con honores.


Durante su estancia en Jerusalén Cleopatra conoció a la numerosa familia del rey. Estaban su madre Cypros, su hermana Salomé, el marido de esta, Alexas y la esposa del rey, Marianne, de belleza arrebatadora, igual que su hermano Aristóbulo, con ellos convivía la dominante suegra de Herodes, Alejandra, con la cual Cleopatra se cartearía de manera constante al poco de volver a Egipto.


Cleopatra le puso las cartas sobre la mesa al rey. A ella le pertenecían los derechos de betún del Mar Muerto así como los jardines de bálsamo y de dátiles de Jericó. Herodes se vio en una situación bochornosa, pues no era un judío puro, hablaba mal el arameo ( lengua que Cleopatra hablaba a la perfección como otras 8 gracias a la educación que recibió) y había asesinado a la mitad de la familia de su esposa por llegar al trono, y no era un rey rico ni amado por su pueblo, además su esposa y suegra le odiaban.


Por si fuera poco Judea eran un país pobre y pedregoso, sin puerto y cuyos únicos ingresos provenían precisamente de los territorios que la reina le reclamaba en ese momento. El betún del Mar Muerto se usaba para calafatear los barcos y momificar. El bálsamo era un producto de lujo y con los dátiles de Jericó se hacía el vino que luego circulaba por los puertos mediterráneos.


Finalmente Herodes accedió a arrendatar las tierras de Cleopatra si esta le pagaba 200 talentos mensuales. Todo quedó en eso al final.


Es interesante que sepan lectores que durante la estancia de Cleopatra en Jerusalén Herodes planeó matarla, pero aquello habría sido una necedad, además, Cleopatra esperaba a su tercer hijo de Antonio en ese momento. Finalmente Herodes la acompañó a la frontera y la despidió con regalos y honores, cuando por dentro ardía de rabia y odio.


¿JERUSALEM PARA LA REINA?


Cleopatra y Herodes2

Pronto se forjó entre Alejandra y Cleopatra una alianza con un único objetivo. Deponer a Herodes. Cleopatra ambicionaba para ella toda Judea, incluso el poder reinar en Jerusalén, esto no era nada nuevo. En el pasado el reino de Herodes había pertenecido a los Ptolomeos y estos habían amparado


la religión y cultura judía. Tres datos a admirar. Alejandría poseía la mayor comunidad judía del mundo, la reina hablaba arameo y hebreo y en el pasado los judíos habían ofrecido sus servicios a la corte egipcia traduciendo los libros Sagrados del Antiguo Testamento del hebreo al griego. La Famosa Septuaginta. Cleopatra además conocía el Eclesiastés y el Libro I y II de los Macabeos.


Hacia el año 35 Alejandra escribió a la reina solicitándole ayuda para ella y su hijo. Gracias a la presión del pueblo Aristóbulo había sido nombrado Sumo Sacerdote, aquello encolerizaba a Herodes cuya popularidad era eclipsada por la de su cuñado quien tenía más derecho a reinar que él.


Cleopatra entonces mandó construir dos ataúdes para Alejandra y Aristóbulo. El plan consistía en llevarlos metidos dentro hasta la costa y una vez allí embarcarse a Alejandría, en donde la reina les daría asilo, pero el plan fue descubierto y aunque madre e hijo fueron perdonados por Herodes este se cobró su venganza muy pronto. Al cumplir los 17 años Aristóbulo fue invitado por Herodes a su palacio de Jericó, en donde tras fiestas y banquetes abundantes el Sumo Sacerdote decidió darse un chapuzón en la piscina del jardín con sus amigos. Ignoramos quien le mantuvo la cabeza bajo el agua demasiado tiempo para que el pobre muchacho amaneciera ahogado.


Alejandra entonces escribió a la reina pidiéndole que Antonio juzgara a Herodes por asesino, pero el plan salió mal de nuevo al mostrase el rey ante el romano cómo un cuñado roto de dolor y el cual en el funeral de Aristóbulo quemó montañas de incienso, se rasgó las ropas y derramó lágrimas en abundancia. Poco tiempo después Herodes mandaría matar a Marianne acusándole de adúltera, en realidad aquello fue fruto de una conspiración de su hermana Salomé para deshacerse de su cuñada y de su marido al que odiaba, y al que acusó de ser el amante de Marianne.


Herodes entonces enfermaría de dolor por la muerte de su mujer, a la que amaba, pero a la que jamás supo corresponder. Decidió hacer un viaje por Judea para curar su alma, mientras Alejandra conspiraba de nuevo contra él. A su vuelta Herodes mandó matarla también. Siempre se defendió alegando que todo fue por culpa de Cleopatra, que ella le sedujo y envenenó la mente de su familia contra él con el único propósito de arrebatarle el trono de Judea.


EL FINAL

Ninguno de los protagonistas de esta historia tuvo un final feliz. Cinco años después Herodes se vengaría de Cleopatra dejando pasar a Octavio y sus tropas a través de Judea, ganándose así la amistad del emperador de Roma. Murió en el año 4 de nuestra era de una enfermedad, posiblemente del riñón, más aquejado de la locura que le azotó en sus últimos años de reinado en los cuales dejó tras de sí una estela de sangre. Sus últimas víctimas serían sus hijos, Alejandro y Aristóbulo.


En cuanto a Cleopatra viendo su reino perdido se suicidó con Antonio para evitar caer en manos de Octavio. El hijo de ella y César, Cesarión, fue asesinado por orden de Octavio. Los otros 3 Helios, Selene y Filadelfo se criaron en Roma junto a Octavia.


Nota del autor

Y volviendo al presente y la vista a Jerusalén se ve que la historia no ha cambiado. Ahora dos gobiernos, el Israelí y el Palestino se disputan el derecho a gobernar sobre una tierra que no es de unos ni de otros. Tanto Israel como Jerusalén es de todos. Y de todos depende el evitar un infierno atroz que se ha desatado, que aún se controla, pero ¿hasta cuándo?. 


Servidor nunca ha estado en Tierra Santa, y desearía estar, pero verla como lo que es. Una tierra que devuelve el alma a quien quiere reconstruirla, que desea olvidar los malos momentos, que se busca a sí mismo. Que quiere que haya paz y no guerra. En resumen, una tierra de unión, convivencia, tolerancia y que ha de preservar su pasado milenario rico en cultura y espíritu. 


Para querer saber más de este episodio entre Cleopatra y Herodes recomiendo este libro de excelente categoría. 


Cleopatra y Herodes4



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Autor: Conde Bevilacqua Benedetti















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