miércoles, 21 de noviembre de 2018, 05:08
Elmonarquico2015
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Una pitada en fuera de juego

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Juan Carlos Ayuso

La reciente sentencia de la Audiencia Nacional que ha absuelto del delito de ultraje a España e injurias a la Corona, al presidente de Cataluña Acción, D. Santiago Espot, deja temblando el marco de referencia de la “libertad de expresión”.


Convocar a través de redes sociales, verbigracia, organizar con premeditación una pitada al himno nacional y al Rey en el Camp Nou el 30 de mayo de 2015, precisamente durante la final de la Copa del Rey, resulta que ahora, por obra y gracia de una sentencia que indudablemente sienta un precedente jurídico, es ejercer la libertad de expresión...


Repuesto de la perplejidad inicial, deseo compartirles un par de reflexiones.


La primera es, oiga… yo creía que la libertad de expresión... ¡era otra cosa! Ese derecho humano a disentir, nacido en plena ilustración francesa como instrumento de avance intelectual, aliado irrenunciable de la libertad de pensamiento y fundamento del ejercicio veraz de la libertad de prensa. Pero claro, muchas veces, demasiadas, se olvida que la libertad de expresión tiene que estar fundamentada en el respeto interpersonal y la verdad. De otra forma, se convierte en vilipendio.


Si, como libertad de expresión se me reconoce el derecho a pitar o abuchear al himno de España o al Rey, porque…, ¿se nos acaba de reconocer con esta sentencia este derecho a todos los españoles..?, ¿qué va a suceder a partir de ahora? Hablo de cualquier institución o jerarquía por debajo del Rey, es decir… todas. En hipótesis, podría ocurrir que asistiéramos a la convocatoria de pitadas ante la Audiencia Nacional, cada vez que un determinado colectivo se sintiese agraviado por la decisión de algún magistrado. Lo único que estarían haciendo sería manifestar su disconformidad al ejercer su libertad de expresión…


A partir de ahí, sustituyan la Audiencia Nacional por otra alta instancia como el Gobierno, el Ejército, la Policía… El panorama es desalentador. Los ciudadanos ¿acabamos de conquistar? el derecho al abucheo, sin que pueda ser constitutivo de delito en ningún caso -si no lo es para el Rey, ya me dirán-, siempre que sea ejercitando su libertad de expresión.


Ahora llévenlo al día a día. ¿No está usted de acuerdo con el jefe de su empresa? Posiblemente una buena pitada o un clamoroso abucheo bien organizado entre sus compañeros, le harán percibir que usted en el ejercicio de su libertad de expresión, se opone a sus ideas o a lo que representa.


Hablamos tantas veces de tejido social que aprovecho la imagen anterior para manifestar que, al igual que millones de personas trabajamos a diario en su urdimbre y en su trama, este tejido es sensible a los desgarros y se deshilacha si somos negligentes en su cuidado.


Mi segunda reflexión es: así las cosas, ¿quién se ocupa o, al menos, se preocupa por defender a la Corona?


En las monarquías absolutas, el propio Rey tenía el poder para hacer respetar su persona. Todos sabemos que el Rey o la Casa Real, no pueden defenderse, por eso en nuestra monarquía parlamentaria con división de poderes, al menos en teoría, otras instituciones se encargan de su defensa. Por esta razón, resulta cobarde el comportamiento de algunos que atacan la figura de Su Majestad, crecidos por la no respuesta, cual si de una figura de pim-pam-pum se tratase. Aquí traigo a colación la nueva “moda independentista" de poner los cuadros del Rey boca abajo. ¿Por qué se arrogan el derecho a hacerlo? ¿Pretenden imponernos unas nuevas reglas de juego? Cuando las ideas se hacen valer por la fuerza y no por la razón, el paralelismo con el discurso de ETA se hace evidente.


Si una pitada al himno nacional y al Rey no son constitutivas de delito, a pesar del desgarro del plano simbólico que representan, entonces, acaban de meter un gol a España… y el árbitro no ha pitado fuera de juego.



Juan Carlos Ayuso

Director de El Monárquico

















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