domingo, 16 de junio de 2019, 15:13
Elmonarquico2015
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Domingo en Graná, no es poca cosa...

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Casa de Clotilde GarciaCasa de Clotilde García Picossi, prima de Federico García Lorca e inspiradora de su famosa obra: Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores escrita en 1935



Zizi

Domingo de fiesta para un personaje de nuestra literatura que nunca muere, mientras haya poetas anónimos que lo recrean: los lectores. Domingo de Lorca, que no es poca cosa. Granada despierta casi helada en una primavera lenta pero sin dudas, venidera. La quinta de San Vicente, donde otrora cantara la magia de Federico, me recibe impasible, pero mi alma se conmueve. 


Entro, y un piano me mira con ansias ocultas, más allá un comedor y un pasacomidas que no es más que un puente, en su estricto sentido. Una escalera cruje bajo mis pasos casi en oración y llego a su dormitorio, donde la cama y su escritorio llenan el ámbito de luz, más noble tal vez que la que hoy entra por su ventana. Una sinestesia flagrante me cruza el ánimo: Van Gogh y la pintura de su cuarto tienen igual disposición y siento que las líneas del espacio no son rectas, pues en algún momento se tocan. Apoyo suavemente mi mano sobre un borde del escritorio en el cual el genio supo recrear el mundo pasado y percibo que los lectores y actores de vida son siempre anónimos, hasta que el poeta les da vida. Y siento la esperanza de ser yo una faceta explícita de alguno de sus personajes y más fuerte es la sensación de estar en su lugar, en nombre de los que no están. Miro toda su habitación ascética, monacal, vacía de materia. Pero claro, la luz traza un rectángulo que poco a poco cambia y pienso que ella fue hace años , compañera fiel que iluminaba su arte poética. Veo el resto de la casa y en su jardín de variados matices, los chopos albergan el canto de un pájaro que me suena irremediablemente, a campana.


Cerca de allí, voy por el estrecho camino alcalino y desnivelado que él recorría para ir a la escuela, que no tan cerca quedaba. Piso la tierra y camino, mientras su inexorable presencia me acompaña en un acto de meditación profunda: ahora el tiempo no es más que una ilusión, donde nunca mueren las historias bien narradas.


Viene a mi lado, con su luna de polisón de nardos y las voces de sus gitanos de bronce y sueño, como peregrinos, y le persigue la muerte, como él la nombraba en sus bodas de sangre. Un leve viento levanta una cortina de tierra, que es una señal de ensueño y no realidad de domingo. Miro a mi izquierda: una casona blanquecina, adormecida en el verde repentino de esta primavera tardía y sé que allí vivía su prima, quien fuera su gran compañera de infancia y protagonista de Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. Delante de mi caminata por el pedregal, van en el tiempo Federico, portando un ángel en su mano, como pluma de acero. Nada cierra su paso. Nadie habla en su ausencia y fugazmente se siente un aroma de tomillo y alhucemas que tocan al goce silencioso.


Es domingo, pero domingo en Granada, casi al mediodía, y en visión con Federico, que no es poco sueño para sentirlo. No somos nosotros los unos y los otros, sino nosotros, todos en un tiempo circular que nos remite al pasado de la esencia andaluza.


Miro por última vez el lugar, y a mi alrededor, vanas mariposas dibujan en el aire tímido, la ronda que un día en plena Graná, hacían los niños alrededor de una fuente con aguas de cielo y rumores de mar. Y cuando retorno, en bicicleta pasa alguien cantando que dice, cigarrillo en labios y ojos profundos clavados en la nada:..."Que viva España".



Zizi Kessler.

Escrito en París,el 18/04/18














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