lunes, 22 de octubre de 2018, 03:28
Elmonarquico2015
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Incitación al odio contra la Monarquía

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Miguel AdroverEn pleno debate nacional sobre los límites de la libertad de expresión y las leyes que la definen y castigan sus supuestos excesos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) le ha vuelto a dar la espalda a España y a millones de españoles, al contradecir a sus tribunales y sentenciar que quemar fotos del Rey no constituye un delito, sino una forma de libertad de expresión política.


Se trata, según señala la sentencia, de “una puesta en escena provocadora de las que se emplean cada vez más para llamar la atención de los medios de comunicación y que no van más allá de un recurso a una cierta dosis de provocación permitida para transmitir un mensaje crítico desde el ángulo de la libertad de expresión”.


Aunque yo, en mi modesta opinión añadiría que se les ha olvidado a los magistrados de Estrasburgo que de aquellos polvos han nacido estos lodos.


Los jueces de Estrasburgo una vez más, menosprecian a la justicia española, ya que e l Tribunal Constitucional, (Constitucional) de nuestro país, confirmó en una sentencia de julio de 2015 que este tipo de hechos supone una injuria grave a la Corona y, como tal, son castigados con penas de prisión según establece el código penal español en su artículo 490.3. (Nuestro mayor garante de las libertades individuales y colectivas).


Dicho artículo afirma que el que “calumniare o injuriare” al Rey “en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves”.


En lo que a mí se refiere, quemar una foto de nuestro jefe de estado, va más allá que una simple calumnia o injuria, es sencillamente un acto de desprecio y de vejación contra el Jefe del Estado, además de una clara provocación hacia todo un colectivo de personas, (millones) que nos vemos representados por nuestro Rey.


Constitucionespaola1

Por eso creo firmemente, que ningún insulto, vejación, ataque, violación de derechos vertidos con una persona afín a la monarquía, y que fuera realizado contra la figura del Rey, ha de tratarse como un asunto de un individuo contra otro, sino como un delito contra un colectivo, un colectivo (el nuestro) odiado por los que realizan y aplauden dichas acciones. Un colectivo, el de los monárquicos españoles, que estamos (si no me equivoco) amparados por nuestra Carta Magna, la Constitución.


Esta demanda de amparo de los que nos sentimos monárquicos, creo que está enmarcada en que el contexto de Delito de Incitación al Odio tiene unas consecuencias contra la protección de la libertad individual, ya que no es sólo la violación de un derecho de cada uno el defender sus ideas e ideales, sino que la finalidad del delito cometido consiste en vulnerar el derecho constitucional de un colectivo, el de libre elección y decisión sin imposiciones ni alteraciones contrarias al orden.


Ponerse delante de una cámara para que les filmen mientras prenden fuego a fotos del Rey (Jefe de Estado) para quemar su imagen, además de maldecir e insultar a todos aquellos que le respetan, no es ya una cuestión individual, sino un claro acto contra todos los que nos sentimos monárquicos. Un colectivo que lo formamos millones de ciudadanos que en ningún caso nos pondríamos a quemar fotos de los autores o instigadores de estos actos.


Creo que con nuestro comportamiento de los últimos años, los monárquicos españoles, hemos demostrado un civismo y saber estar digno de elogio, sobre todo, vistas las provocaciones que sufrimos a diario por pequeños grupos, pero muy ruidosos. Y que con sentencias como está más fuerza creen tener. Y todavía más van a crecerse. Tiempo al tiempo.


Pero se ve que nosotros, los monárquicos, los tranquilos, los cívicos, los que tragamos insultos día a día, respondiendo a ellos denunciando, sin violencia ni verbal ni de mechero y gasolina, nosotros somos los equivocados, ya que sus eminencias del Tribunal de Estrasburgo, en su sentencia, también rechazan que los elementos usados en la protesta, como el fuego o la colocación de la fotografía del Rey quemada bocabajo, constituyan un “acto de odio o de incitación a la violencia”. Y nos recuerdan que la acción “no provocó un comportamiento violento o desórdenes”. En el mismo sentido, consideran probado que la intención de aquel acto “no fue incitar a nadie a cometer actos de violencia contra el Rey” e insisten en que “un acto de este tipo debería ser interpretado como la expresión simbólica de insatisfacción y protesta”.


Cuanta falta les hace a sus señorías haber estado por alguna región de nuestro país durante los seis últimos meses. Pero no dentro de una sala, si no en la calle, a pie de calle. Quizá hubieran reconsiderado su veredicto.




Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico



















1 Comentarios

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Suscribo totalmente tu artículo Miguel

escrito por Juan José martin 20/mar/18    23:31

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