miércoles, 21 de noviembre de 2018, 21:19
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

El toque Real. Milagro de reyes

|


Manuscrito del siglo XV que representa la tradición según la cual Clodoveo I sanaba a los escrofulosos tras su coronación.




FranciscoJ.Tostado

Si la actual (y longeva) monarca británica, Isabel II, comenzara en un acto público a imponer sus regias manos sobre algún enfermo, no hay la menor duda de que dejaría perplejos a más de uno. Pero, hubo una época, que los reyes de Francia e Inglaterra, realizaban la imposición de manos para curar a sus súbditos enfermos…


El poder de los monarcas


Antes del siglo XI la autoridad de los monarcas no era lo suficientemente efectiva como para controlar sus regiones, eran los condes y los duques los que finalmente ejercían su autoridad a la práctica. Con el paso del tiempo, durante el siglo XII, sería el gobierno central quien terminara imponiendo su control y los monarcas sustentarían su posición en una base jurídica, política y teológica. El rey, por la gracia de Dios, representaba a Cristo, y para hacerlo manifiesto delante del pueblo, durante la ceremonia de consagración, se le uncía con el crisma -algo que ya hacían los reyes visigodos- y se le coronaba. Así, la coronación les otorgaba un poder sagrado para curar a sus súbditos. A finales de la Edad Media el toque real se convirtió en parte de la coronación de los reyes de Francia en la catedral de Reims.


Los inicios


El concepto de rey taumaturgo fue asimilado por el cristianismo, existiendo en muchas culturas desde tiempos antiguos. Y el toque real no sería el único poder curativo que se atribuía a los monarcas: los Habsburgo, curaban la tartamudez dando un beso en la boca; durante la Edad Media, los reyes de Hungría sanaban la ictericia; los reyes de Castilla realizaban exorcismos haciendo la señal de la cruz e invocando a Dios y hasta algunos podían curar después de muertos, como la mano de San Luis, conservada en el Monasterio de Poblet. Todo ello, reforzaría, sin lugar a dudas, el poder de la monarquía.


El antecedente del toque real lo encontramos -con discrepancias de algunos estudiosos- a finales del siglo X y comienzo del XI, con el segundo rey de la dinastía de los Capeto, Roberto II el Piadoso, que reinaría en Francia, y con Eduardo el Confesor, de la Casa de Wessex, en Inglaterra, del que aquí dejo el relato de su primer milagro:


"Una joven que sufría de un aumento de volumen de las partes ubicadas debajo de la mandíbula, “llamadas glándulas”, le desfiguraba el rostro y exhalaba mal olor. Alertada por un sueño, recurrió al rey que no dudó en ayudarla. Mojó sus manos en un recipiente con agua y con la punta de sus dedos lavó y presionó repetidamente las partes afectadas, haciendo el signo de la cruz. En las zonas así masajeadas salieron “gusanos”, pus y sangre por varios orificios. El rey persistió con el procedimiento hasta que se eliminó la enfermedad."


El rito


Podía celebrarse en algunos casos con motivo de la coronación o durante alguna fiesta religiosa. Con el tiempo, fue evolucionando desde un simple acto a uno más complejo. Eduardo IV de Inglaterra ordenaría acuñar una moneda de oro (o plata) con un grabado del Arcángel Miguel matando al dragón, conocidas como “ángel”, que después sería sustituida por una medalla y que se les daba a modo de limosna. Durante el acto se leía el Evangelio y se cantaban plegarias. En Inglaterra, también se repartían unos anillos conocidos como “cramp-rings” utilizados para curar los calambres y la epilepsia.



La frecuencia de este acto podía variar según los propios monarcas. En Francia eran más masivos, aunque durante el siglo XVII, el monarca inglés, Carlos II, tocó unos 92.000 escrofulosos (4.500 cada año). Con el tiempo, se extendió el toque real a la vecina Escocia. En otros países europeos encontramos la fama de casos aislados de reyes con el poder de curar, aunque solo en Francia e Inglaterra se interpretaría como un don divino heredable.


Su declive


Durante siglos el toque del rey se convirtió en algo muy popular, sin embargo, poco a poco comenzarían a surgir dudas y voces críticas en su contra, en especial tras la Reforma protestante.


A principios del siglo XVIII, Voltaire escribiría sarcásticamente que había perdido la confianza en el poder del toque del rey Luis XIV tras la muerte de una de sus numerosas amantes, que había sido “muy bien tocada por el rey”. Su sucesor, el rey Luis XV, no conseguiría ninguna curación durante la Pascua de 1739, así que dejó de “tocar” enfermos y cuando lo hacía decía “El rey te toca; Dios te cura”.


En Inglaterra, a finales del siglo XVII, Guillermo III y María II, eliminarían el toque, y también con cierto sarcasmo el primero respondía a los pacientes que se lo solicitaban: “Dios te dé mejor salud y mejor juicio”.


¿Qué enfermedades podían curar?


En la antigüedad y parte de la Edad Media, se utilizó la expresión “mal del rey” (morbus regius) tanto para referirse a la ictericia, la lepra y otras afecciones que desfiguraban al enfermo. Será a partir del siglo XIII que comenzará a usarse el término toque o tacto del rey, al acto de la curación por el monarca, aplicándolo finalmente a la escrófula, un proceso infeccioso que afecta a los ganglios linfáticos, principalmente del cuello, y causado por distintas cepas de Mycobacterium (tuberculosis, scrofulaceum, avium y bovis).


La escrófula


El nombre proviene de las úlceras (“escrófulas”) no dolorosas pero purulentas que presentan, aunque actualmente se la conoce como linfadenitis tuberculosa cervical. Aparecía principalmente en niños y jóvenes a consecuencia de su mala alimentación y las malas condiciones ambientales en que se encontraban.


Para tratarlas encontramos a lo largo de la historia el propuesto por Celso, durante el siglo I, con ungüentos a base de pomada de lirio y amoníaco, cera, sebo de toro. Otro empleado era la cataplasma con higo, de la monja Hildegard von Bingen. En el siglo XVIII se propusieron otras recetas con cenizas de cucaracha quemada, uña de asno, miel, piel de serpiente… aplicada en el interior de las fístulas tras su desbridamiento.


Podemos preguntarnos el porqué del toque real en esta enfermedad en concreto. Uno de los motivos era su elevada frecuencia, y que muchas eran mal diagnosticadas tras considerarlas como escrófulas cuando en realidad eran lesiones no tuberculosas que involucionaban de manera espontánea. Tampoco debemos olvidarnos del efecto psicológico del paciente, ya que era el propio rey el que le atendía en un solemne acto, con mucha gente alrededor, un efecto placebo que en algunos casos influía de manera positiva.


En fin, hubo una época en que los reyes, además de reinar, sanaban, o al menos, eso pensaban.



__________________________________

Autor: Francisco Javier Tostado

Médico especialista en Obstetricia y Ginecología

Escritor, amante de la historia y bloguero

http://franciscojaviertostado.com



















Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.